
Desfigurándo al otro.
Se ha desdibujado todo destino, los trazos que simulaban el camino se han ido llenando de polvo, fango y sangre, un barro no muy común que cubre hasta las grietas más profundas.
La voz que antes emergía de esos labios partidos de olvido ahora sólo reducto es de un eco sonoro que brama contra las frágiles paredes de esta carcaza. Se ha ingresado a esa área mórbida en dónde se libra una guerra entre el ser y el otro... y en donde la otredad pierde todo significado.
El lenguaje furiosamente desplegado de la antigua voz no adquiere sonido y emprende el retorno una y otra vez hacia los adentros, como asemejándose a la cálida independencia total del ser, la batalla se ha librado y se ha triunfado, y se opta por desprenderse para siempre jamás.
El quejido entregado al olvido se gesta dentro del espíritu, como un llanto lejano y extranjero, se resquebraja la existencia a petición propia.
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