EL COBERTOR

El vapor del asfalto hirviente parecía expeler un olor a sangre y a saliva que recorría las fosas nasales de la concurrida recepción que se daba cita en aquél grotesco espectáculo. En el suelo, yacía una especie de oruga mal proporcionada que portaba un caparazón elaborado con polyester, para serpreciso, café con luces de color baigge, muy pesado para el clima que azotaba con desdén a la malparida ciudad de Tijuana.
La negrura del pavimento se confundía con la sangre molida y reseca en aquél rostro desfigurado, catorce puntos oscuros engalanaban el oradado cráneo de la oruga bajo los reflectores, centro de aquella fanfarria. Los invitados, comenzaban a especular sobre la condición del ser rastrero aquél, no daban crédito a tal inmundicia, no encontraban respuestas a sus banales preguntas.
... La abominación jamás se movió, permaneció en su posición hasta ser levantada del suelo y ser llevada a examinar.

