Estoy enfermo, me duelen los huesos y camino mal, tengo las ojeras hasta los labios y la nariz roja de tanto rasparla con el papel higiénico. Los brazos, se me entumen y los dedos me hormiguean; no puedo dejar de escuchar el zumbido que acude cada vez que pienso en ello... la nariz me sangra, los labios me duelen de tan resecos y por dentro, mi boca, está llena de ampollas, de llagas, de aftas y de moscas.No distingo entre el bien y el mal, no soy cordial y me enferman la bondad y la paciencia... ¿Quién me puso aquí?
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La piel esconde tras sus poros, sus vellos, el sudor y la mugre un maltrecho y débil pedazo de carne, de nervios y de sangre. A su vez, ese maltrecho y débil pedazo de carne, de nervios y de sangre cubre a la bestialidad..., la ciega, sorda, muda y lisiada inexistencia del alma.
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Juro sobre todas las cosas, que si encima de mí cayera una estatua, creería en lo que no creo hoy, sería un mejor ser humano y alentaría a los demás a seguir al Nazareno. Mientras tanto, no creo en lo que no creo, no soy siquiera un ser ni un humano y aliento a todos y todas a consumir todas las drogas fuertes y a adorar a Satán.


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