Yukio Mishima... la muerte como máxima expresión de acción.

Seccionado el pensamiento de una civilización, cercenado el sentimiento de esperanza, cortado de tajo, exposición de entrañas ancestrales y derramamiento de vitalidad...
La situación envilece cuando no existe opinión más allá que la del amo, cuando las cosas se tornan de un color férreo, verdoso, rígido... cuando el estado de cosas es aquél que tiene a las mismas cosas expuestas al dolor y a la inmisericorde indiferencia, precariedad, alienación... luego deviene el delirio, irrumpe cual redada en habitación en octavo piso, sin escape y con el único destino escrito por una mano ajena y llena de nudillos.
Es así y aquí en donde empieza la marcha hacia el siguiente paso, a los oídos sordos palabras explícitas, a los ojos indiferentes actos monstruosos; partiendo de lo singularmente absurdo a lo extremadamente sorprendente. Los principios de moralidad, de legalidad, de estado de derecho y de bienestar son los blancos, y los pedestales caen uno a uno... dejando una moraleja viscosa, una imagen imborrable y una sensación de desazón entre pedazos de tejido, expresiones de horror y lágrimas de miedo.
Un cuerpo decapitado y eviscerado, Yukio Mishima enseguida de dos cabezas, una, la de él mismo, otra, perteneciente a Morita.
Un autor japonés, haciendo un llamado de alerta, sin llamar al hombro con el dedo, usando, esta vez una pala, en la cabeza del receptor... explota la atención del mundo un 25 de noviembre de 1970, los mensajeros tomaron el cuartel general de la Armada Oriental en Tokio. Durante el sitio, el declamador Mishima escaló hasta quedar a la altura necesaria para ser escuchado, visto y entendido, hizo un llamado al ejército a levantarse y a contravenir las disposiciones del gobierno. Fue escuchado, y apercibido de desistir y de bajar de su púlpito y de frenar su conferencia, Mishima, por el contrario entró al establecimiento, y efectuó un ritual Harakiri sobre el suelo...
Fue, en este acto, decapitado por uno de sus seguidores; su colega Masakatsu Morita, decidió morir con él, y fue decapitado de la misma forma. Los tres colegas restantes, llamaron a las fuerzas armadas y se entregaron por voluntad propia...
Allí el mensaje, allí los mensajeros de sangre...


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