Bob Melvin

Las penumbras atraen. Mientras, yo pernocto a la orilla de sus conciencias. Apuntando hacia ustedes, estadista de sus pensamientos, inmerso en el podrido germen de sus prójimos. Vahos, ayeres y perversiones ondean en lo hondo, delirantes y mórbidos en sus apocentos de batracios. ¿De qué se nutre mi contemplación rapaz? Veo el abismo y ustedes yacen en lo profundo de ustedes mismos. Sin revelaciones, sin respuestas. Nada que se asemeje ni remotamente al fresco despertar de una idea, de una pasión. Nada sino el inyectado ojo que me devuelve abyecta mi desnuda mirada. Epicuro aberrante, me vislumbro el espíritu dentro de un mohoso agujero...
A veces el frío o el vértigo alejan mi vista de ustedes. Pero regresa mi escrutinio hacia ustedes estando en la sombría sima.
Otros, regocijantes, observan por períodos sus almas y parten después... yo, me mantengo a la orilla, en mí-mismado. Otras entidades se desbarrancan a lo lejos, sus despojos yacen desenfocados, se disuelven en la satisfacción.
- Atraído hacia las penumbras, vivo la nostálgica certeza de que no voy a caer jamás.


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