Miércoles
Ese día abrió los ojos y, con la tristeza que producen los hospitales, expresó: "Las cosas no andan bien, desde hace meses, me siento como en el último de los callejones sin salida. He experimentado tantas cosas, como la desazón, el dolor reumático y neurológico, el dolor de la psique y el remordimiento que no para de lacerar con su filo profundo. Hoy siento cómo los poros de mi piel se empiezan a dilatar, se abren como permitiendo el paso a un ejército preparado para una guerra a muerte. Pero no, eso no se compara con lo que me ha traído aquí, son años de mentiras, años de achaques y años de miedos y penumbras... Quisiera no haber abierto los ojos hoy, quisiera no haber tenido la oportunidad de pensar en lo que estoy pensando... en lo que no tiene nombre."Pero esas palabras no explican lo que realmente sucedía, es necesario remontarnos unos días atrás, cuando su cuerpo todavía no expelía ese olor a carne podrida, ni los gusanos dilataban los poros de su piel, olvidada en aquél cuartucho infestado de garrapatas, polvo y agonía.
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